Muchos amigos e instituciones despiden a Alfredo Bryce Echenique un grande de la literatura iberoamericana

 

Alfredo Bryce Echenique y ‘Un mundo para Juluis'- © María Gilabert / Alicante Mag



Fiorela Mayanga

Redactado por

Jorge Morillo


Ha habido muchas despedidas, pero la de Alfredo Bryce Echenique ha sido una de las más emotivas. Un escritor que, para muchos, estaba muerto aun cuando estaba vivo, y que sigue vivo incluso después de haber muerto. Los grandes escritores nunca desaparecen: permanecen en cada página y en cada libro que volvemos a leer.


Muchos han despedido a Alfredo Bryce Echenique, con un dolor profundo, recordando cómo cada palabra de sus obras riega el camino literario por el que él caminó durante toda su vida.


Una de las despedidas más conmovedoras ha sido la de su gran amigo, el poeta y cantautor Joaquín Sabina, quien le ha dedicado un poema muy profundo sobre su partida. In Memorian es el título de este poema, en cuyos versos se refleja la esencia de Bryce. El texto culmina con un final que parece detener el tiempo: “Lope, Quevedo y el manco de Lepanto no se me piquen; curen su espanto con el canto de Alfredo Bryce Echenique”.


La Casa Real de España también le ha dedicado unas palabras de despedida, destacando su trayectoria como escritor y describiéndolo como “uno de los referentes de las letras iberoamericanas”.


Asimismo, el Instituto Cervantes de Madrid lo despidió con un mensaje emotivo, elogiando su carrera y reconociéndolo como uno de los grandes autores de la literatura en español.


 En ese sentido, las palabras del músico y compositor Enrique Villarreal, conocido como El Drogas, cobran un significado especial. En su canción Sin reverencia, donde expresa una frase que resume muy bien este momento: “Cuando muere un escritor, se nos muere el amor a la vida”. Y quizá sea cierto, porque si algo aprendemos de esta vida a vivir, a sentir y a soñar es gracias a los escritores. 


Por eso despedir a un escritor siempre resulta tan doloroso: con su partida parece apagarse una voz que nos ayudaba a entender el mundo. Sin embargo, su verdadera permanencia está en sus páginas. Y Alfredo Bryce Echenique nos enseñó precisamente eso: a ser libres, soñando con cada palabra de sus libros.






Artículo Anterior Artículo Siguiente