Inicio escolar 2026: rescate de alimentos se perfila como factor clave para el rendimiento estudiantil

El retorno a clases en el Perú vuelve a evidenciar una problemática estructural con impacto directo en el aprendizaje: la nutrición infantil. La deficiencia de nutrientes en etapa escolar no solo compromete la salud inmediata, sino que condiciona la capacidad cognitiva y el desempeño académico de los estudiantes.

Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) del INEI, la anemia infantil en menores de tres años alcanza el 35.3 %, mientras la desnutrición crónica afecta al 12.1 % de la población infantil. Estas cifras implican que miles de escolares ingresan al sistema educativo con desventajas biológicas que limitan la memoria, la concentración y el procesamiento de información, reduciendo la eficiencia de la inversión educativa y la futura productividad laboral.

Desperdicio de alimentos y economía circular

En paralelo, el país desperdicia aproximadamente 12.8 millones de toneladas de alimentos al año. Frente a este escenario, el rescate de alimentos —recuperación de productos aptos para consumo que han perdido vigencia comercial— se posiciona como una estrategia de economía circular con impacto social y educativo.

Este modelo permite fortalecer programas de apoyo escolar no solo mediante la entrega de alimentos, sino también a través de acompañamiento orientado a mejorar su aprovechamiento nutricional.

La transferencia de capacidades técnicas a gestores de programas sociales es un componente esencial para asegurar una adecuada manipulación y mejores prácticas de ingesta.

En este proceso, la participación de actores especializados como el Banco de Alimentos Perú permite articular la recuperación de excedentes desde la industria y agroindustria hacia poblaciones vulnerables, garantizando trazabilidad y seguridad sanitaria.

La combinación entre logística de recuperación y educación alimentaria contribuye a que el inicio escolar cuente con un respaldo nutricional adecuado, fortaleciendo la base biológica necesaria para el aprendizaje.

Reducir la brecha nutricional mediante la optimización de excedentes alimentarios constituye una inversión directa en capital humano. Una economía basada en conocimiento requiere estudiantes con condiciones cognitivas adecuadas.

La recuperación de alimentos aptos para el consumo no solo reduce pérdidas, sino que protege el potencial intelectual de las futuras generaciones y aporta al crecimiento sostenible del país.

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