Cusco: nueva inversión hotelera apuesta por educación, empleo y desarrollo local

En el Valle Sagrado de los Incas, donde el turismo convive con comunidades agrícolas y tradiciones ancestrales, se anunció el inicio de un ambicioso proyecto hotelero que busca replantear el impacto de las grandes inversiones en regiones.

Más allá de la infraestructura, la propuesta plantea una pregunta clave: ¿cómo puede una inversión turística fortalecer el entorno social que la acoge?

 Inversión proyectada hasta 2029

El proyecto hotelero de alta gama contempla una inversión inicial estimada en US$ 25 millones, que podría alcanzar los US$ 50 millones en su desarrollo integral hacia 2029.

La propuesta incluye:

  • 148 habitaciones
  • 24 apartamentos
  • Centro de convenciones

Sin embargo, el énfasis no está únicamente en la magnitud de la obra, sino en su impacto social.

Carlos Leyva, CEO de Grupo Invictus, señaló que el crecimiento turístico debe ir acompañado de oportunidades sostenibles para la población local.

A través de la Fundación Invictus, ya se ha iniciado un proceso de empadronamiento de niños en colegios cercanos y diálogo con familias del entorno para identificar oportunidades de capacitación e integración laboral.

La iniciativa contempla programas de formación en hospitalidad y atención al cliente con estándares internacionales, permitiendo que jóvenes y trabajadores de la zona accedan a nuevas oportunidades sin migrar fuera de su comunidad.

 Integración con la economía local

El proyecto también prevé:

  • Incorporación progresiva de proveedores locales
  • Uso de productos agrícolas de la zona en la oferta gastronómica
  • Trabajo conjunto con comunidades para mejorar accesos y entornos

Agricultores, artesanos y pequeños emprendedores forman parte del diagnóstico inicial, con la posibilidad de integrar actividades tradicionales como experiencias vivenciales para los visitantes.

 Turismo con impacto sostenible

En una región donde aún existen brechas de infraestructura y oportunidades, el desafío no es solo atraer viajeros, sino asegurar que su presencia contribuya a una cadena de valor regional más sólida y participativa.

El enfoque busca que el turismo no se limite al tránsito de visitantes, sino que impulse desarrollo humano y oportunidades permanentes para las comunidades del Valle Sagrado.

Con esta propuesta, el debate en Cusco se amplía: más allá del número de habitaciones o el estándar del servicio, la discusión gira en torno a cómo cada proyecto puede integrarse al tejido social y generar un impacto sostenible en el tiempo.

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